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La empresa social y las nuevas formas de hacer frente a la cuestión social.

La empresa social está emergiendo, con fuerza, como una nueva forma de hacer negocios, pero buscando el impacto social de su actividad como elemento diferenciador respecto a la manera de hacer del “business as usual”.

Se trata de hacer empresa, claro que sí, pero sobre todo se trata de resolver problemas sociales de otra manera.

Ciertamente hasta este momento la economía social se diferenciaba o bien por el carácter democrático de la propiedad (cooperativas y sociedades anónimas laborales), bien por la ausencia de ánimo de lucro (asociaciones y fundaciones que ofrecían bienes y servicios) o por facilitar trabajo con personas con riesgo de exclusión o discapacidad (centros especiales de trabajo o empresas de inserción) o bien por la combinación de algunos de estos rasgos.

Desde hace un cierto tiempo ha emergido una nueva realidad: empresas de carácter mercantil orientadas fundamentalmente a dar respuesta a problemas sociales mediante su propia actividad económica, la manera de hacer las cosas y la limitación de los beneficios, que fundamentalmente se reinvierten en la propia empresa o a financiar proyectos sociales.

Y a la vez también ha aparecido la demanda de empresas más clásicas de la economía social que con objeto de tener más posibilidades y facilidades de acceden al mercado de capitales para obtener financiación, desarrollar más y mejores actividades y, sobre todo, su impacto social.

Todo ello nos ha llevó, (en la anterior legislatura), a recoger la propuesta lanzada por UpSocial de promover una modificación legislativa a las Cortes Generales para la creación de la Sociedad Limitada de Interés General que permitiría a los emprendedores sociales tener un nuevo instrumento a su alcance para salir adelante sus proyectos.

No estamos hablando de una nueva forma jurídica en sentido estricto, sino de una nueva denominación legal para aquellas empresas mercantiles que buscan un impacto social, que está asociada a determinadas limitaciones en el reparto de beneficios, transparencia y compromiso estatutario respecto al interés general y al reconocimiento de determinados beneficios fiscales.

Superar la crisis pide sobre todo situar de nuevo la “cuestión social” en el centro de nuestras preocupaciones y al mismo tiempo ser capaces de innovar en la manera de hacer frente a las desigualdades nuevas y viejas que nos interpelan.

Carles Campuzano

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